Cosas de poca importancia

Dirán que no es de dar gracias a Dios y ponerse de rodillas: el viernes, día que me doy el lujo de quedarme en casa como no mucha gente puede, subí con Eusebio, mi empleado de hace 27 años (que bueno tener a alguien cerca tanto tiempo) a San Pancracio, un terreno que tenemos arriba de San Antonio y bautizado así en honor a mi madre, su santo preferido, el santo que nos trae salud y trabajo (qué más ?).

Eusebio es un chiquito, debe medir 1.50m, delgadito y siempre dispuesto a servir. Si por ejemplo yo le pidiera un viernes tarde que lleve una encomienda a Loja, él se iría encantado, se haría alguna amistad en el bus y regresaría al día siguiente flamante. Y si entonces yo le pidiera que se vaya a Ibarra, igual se iría, siempre avisándole a su mujercita.

Eusebio es conversador, no puede estar callado. En los festejos siempre toma la palabra y da un discurso largo en medio del cual, como reclamando atención, suele decir: «qué les parece señores?».

La mayoría de las veces con él hablamos del fútbol nacional. Un día me dijo: «el Quito y la Liga sí se saben ganar, no?». Me quedé un poco absorto con su afirmación, y luego pensé que era cierta, pues efectivamente casi siempre uno de los dos gana.

Ya en San Pancracio revisé cómo han crecido los maples o platanos (no plátanos), la siembra reciente de maíz y un pequeño huerto que ahí tenemos. En el huerto pellizqué un poquito de culantro y me entraron una furibundas ganas de arroz de cebada, sopa que lleva esa maravillosa yerba, odiada por algunos europeos (la tía Carmela y mi amigo Dito, entre ellos). Impulsivamente llamé por el celular a nuestra cocinera y le pedí que prepare un arroz de cebada, me contestó que estaría listo en una hora y media.

Qué lujo el huerto, el celular y el antojo satisfecho !

De ponerse de rodillas y dar gracias a Dios.

Cuando comíamos arroz de cebada en casa, usualmente los lunes, mi mamá no perdonaba repetir: «esta sopa siempre debe llevar culantro».

Comparto este recuerdo y reflexión con mis queridos amigos y parientes, replicando al final el poema de León Felipe que termina diciendo: «vengo llamado a contar, cosas de poca importancia …».

 

Deja un comentario