Colegio Alemán

Muchas cosas podría relatar de nuestras vivencias en el Colegio Alemán de los 50 y 60.   Yo apenas estuve cuatro años, pero los recuerdo con mucho cariño.  Eramos muy pocos en clase, algo así como 15 o menos y teníamos unos profesores alemanes realmente extraordinarios.  Recuerdo a Herr Schindler, a Herr Jaco, a la Dra. Helger, a Herr Folke, entre otros, todos excelentes profesionales, con gran clase.

En nuestro grupo teníamos a un compañero sordomudo que matizaba nuestra clase: Efraín Moncayo. Dos o tres años mayor que nosotros, por obvias razones relacionadas con sus facultades, era quien nos defendía de las agresiones de los mayores y a quien solo nosotros, sus compañeros, entendíamos su hablado un tanto especial.  Esa circunstancia y la presencia de otro compañero de color y otro de origen muy humilde nos enseñó a ser tolerantes, abiertos a la realidad de la vida.

Esos alumnos estaban entre nosotros como políticas del Colegio, de su directores, quienes todavía estaban muy frescos emocionalmente, después de la segunda guerra mundial.

A todos nos inculcaron un espíritu germanófilo que creo que ha perdurado en casi todos nosotros.  Nos enseñaron a cantar el «Einigkeit und Recht und Freiheit … » y arias del «Hänsel und Gretel».

Valga pues la oportunidad para agradecerles por su tiempo, por su cariño y, en mi caso y en el de algunos de mis compañeros (como la Yolanda, el David, el Rafael, el Fabián y el Erik), por su paciencia.

 

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