Barcelona, hasta pronto …

Se me quiebra la voz cuando comento que me va a dar mucha pena irme de Barcelona …

Si fuera supersticioso pensaría: ¿no será que es la última vez que vengo? (Lo digo para que no se cumpla, je je.).

Esta ciudad, cuyos orígenes tiene varios episodios, comenzaría siendo uno de los tantos puertos del Mediterráneo en el que navegaban las embarcaciones intercambiando todo lo que podían comercializar. Negociaron pues desde siempre.

De lo poco que he leído sobre la historia de Catalunya (así debemos escribir su nombre), tengo la impresión de que su gente nunca fue política, lo suyo era el trabajo. Y aquello de pertenecer al Reino de Aragón, uno de los que conformó la España de los Reyes Católicos, creo que le tenía sin cuidado mientras sus actividades laborables y mercantiles pudieran ser ejercidas con libertad.

La historia nos cuenta de un manifiesto de las fuerzas vivas catalanas en el siglo XVII, en favor de pertenecer y reportar al Rey de Francia en lugar de hacerlo al de España. Siempre he interpretado ese manifiesto como el afán de mis paisanos de tener a los políticos lo más lejos posible.

En el decurrir de la historia, Catalunya tuvo varias invasiones, sometimientos, como todos los pueblos de Europa y del mundo. Muchos catalanes interpretan algunos de ellos como un empeño con dedicatoria cocinado en Madrid. Pero lo que sí es cierto es que terminada la guerra civil española se acentuaron los distanciamientos: Catalunya se había alineado con los republicanos y son los nacionalistas los que triunfan; entonces queda severamente controlada desde Madrid, hasta el extremo de que se le prohibe hablar su propia lengua.

¡Qué error tan elemental ese de no dejar que las personas hablen con las palabras que utilizaron desde niños!

Como es lógico, ello nunca se cumplió.

Pero enseguida -terminado el conflicto bélico- sale a flote el espíritu empresarial catalán y, con Franco, dictadura y todo, Catalunya, Barcelona especialmente, desarrolla una industria vigorosa que, junto a la vasca, pocos años más tarde son el pilar de la economía española. La ciudad entonces crece con sus calles bien trazadas y sus singulares chaflanes (las 4 esquinas en las que se encuentran las manzanas mochadas, lo cual da más luz, espacio y sensación de aire).

En ese proceso las empresas incorporan trabajadores de otras regiones de España y cuyos hijos ahora, ya nacidos en Catalunya, son, curiosamente, más independentistas que los de ascendencia local.

Pues en esta ciudad pasé 5 años de mi juventud. Venir aquí me trae muchos recuerdos: el colegio, los amigos, los primeros amores, las discusiones filosóficas y políticas en las que componíamos el mundo, el recuerdo de esas películas que tanto nos llegaron, de los primeros autores de literatura que íbamos conociendo, de la música de Serrat, del festival de San Remo y sus maravillosas canciones, el inicio en la música clásica, la desde siempre feroz rivalidad Barça-Real Madrid; los, más bien dicho “las» turistas en la Costa Brava, los platanos (no plátanos sino maples) de las bellas avenidas, Paseo de Gracia, las Ramblas … me estoy quedando sin respiración.

La vida en Barcelona es afuera, en las calles, en los bares, la mayoría de ellos con deliciosas terrazas. Su oferta de comida es inigualable y sus precios muy razonables. Ahora salgo a mis 70 años a caminar y me siento de 18 o 25 o 28, pero no más. Por la noche, cuando ya no tengo ánimo de salir, la mentira se desnuda pero la vuelvo a practicar al siguiente día, con todo desparpajo. ¿Qué fresco, no?

De ello hacen ya 50 años, lustro en el que muchas cosas a todos nos han ocurrido y que con la confianza de ayer las conversamos entre los amigos, conociéndonos, comprendiéndonos y hasta apreciándonos más.

Algunas anécdotas de mis compañeros les voy a compartir:

Uno de ellos se hizo cura a los 35 años de edad, ahora es numerario del Opus Dei. Me contaba que cuando niño tuvo un problema de polioneuritis o algo así y que entonces su padre le obligó a tratar su problema con gimnasia. José María no sólo que se curó sino que luego fue un gran atleta; en el colegio lo vimos. Una prueba más de que los problemas esconden oportunidades. Bendiciones Joe.

Otro compañero contaba que sus padres hicieron un esfuerzo económico para ponerlo en el colegio de pago en el que estudiábamos, advirtiéndole eso sí que debía ser el primero de la clase y recomendándole que se dejase de amiguitos, diversiones y jua-jua-juas, cosa que cumplió, siendo algo distante de casi todos. Cuando el otro día terminó de explicar esto casi me levanto a darle un beso por el desagravio con que alguna vez le habremos tratado, ignorando las razones que le inducían a ello. El, ahora, es uno de los más divertidos, con quien da gusto compartir charla y buena comida.

El más completo de los compañeros, por excelente estudiante, gran deportista y guapo nos contaba que los Hermanos de La Salle le presionaban para que se ordene, lo cual hubiese sido un ícono para la congregación y un impacto para muchos alumnos. El no cayó en sus redes, así que entonces no provocó esa inclinación que los curas buscaban en nosotros. Menos mal porque no le veo a Pep, a José María Medialdea, o a Kovar, o a mí de legos …

O quizás sí? Y hasta de obispos!

Y aquel querido compañero que tuvo una novia muchos años y que un buen día se separaron e hicieron sus vidas, sus matrimonios cada uno por su lado, hasta el día en que se reencontraron, dejaron a sus respectivos cónyuges y se juntaron. Ahora todos, con hijos compartidos, son muy felices.

El amor …

Y el más genial, el de un compañero que casose y su suegra consiguió el divorcio de su hija en el Vaticano argumentando que ella -la hija- estaba loca para haberse casado con él … Lo máximo.

Barcelona me provoca hacer cuentas de la vida, un balance de adulto (de adulterio ha de decir el Chalo), o de viejo mejor dicho.

Lo hago revisando los auxiliares de esa contabilidad en la que encuentro algunas cifras en rojo pero ninguna asignatura pendiente. Y como resultado final la irreversible convicción de que debemos vivir lo mejor posible el tiempo que Dios no dé de vida.

 

 

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