Carlitos

El viernes pasado ha muerto Carlos Escobar.

El fin de semana, casualmente, le estuve pensando, llamé un par de veces a su casa y celular sin que nadie conteste. Así que ayer le pedí a mi empleado Eusebio que le vaya a ver a Tambillo, donde le informaron de su deceso.

Mi querido Carlitos: gracias de corazón por tu presencia en mi vida, presencia en momentos que el alma reclamaba tu música para abrir los sentimientos, las penas y alegrías. O simplemente para apreciar la música que interpretabas y sus letras.

Cuántas y cuántas veces, entonado, disfruté de tu compañía, de tu arte, de tus canciones. Muchas y muy bellas conocí a tu lado. Todas ellas han hablado un poco de nosotros mismos, de nuestros sentimientos. (Romeros y flores blancas tienen que agradable olor, pero el de la linda boca de mi cholita es mejor; Reloj de San Francisco; Yo no sé si te quiero tú lo sabrás; Por qué negar; etc.).

Recuerdo el Wild Cutter de la Colón, cuántas noches de bohemia pasé allá contigo (Mi amiga, mi buena amiga, mi amante niña, mi compañera). Recuerdo a tu novia Polonia, las pinturas de un artista asesinado que ahí se vendían, Julio mendozino con el bombo (Merceditas), Fausto (a mis tres hermanos queridos se los llevó la corriente …) y a otros que te acompañaban cantando las maravillosas zambas primero, algún que otro bolero y los inefables y maravillosos pasillos siempre al final. Gracias por esas noches, Carlitos.

Recuerdas cuando te invité a que me visites en Cuenca, cuna de la bohemia? Mis amigos estuvieron encantados contigo.

Y recuerdo también el Billy Cutter de la calle Cordero, reminiscencia del primer local. Era mi parada obligatoria después de cualquier evento vespertino … Recuerdo cómo un día allí, estando con mi ex esposa, hermana Terezinha y esposo se acercó un borracho y nos dijo que nos vayamos pero que dejemos a las mujeres … qué chistoso!

Recuerdo a Elenita, que siempre te pasaba el vodka doble con el que te animabas a comenzar a cantar. Decenas de noches disfrutando de tu arte en ese sombrío local. Una de esas noches inolvidables con el Gato Ortega.

El destino quiso que siguiéramos juntos Carlitos, cuando yo me refugié en Uyumbicho a raíz de mi divorcio y tú fuiste a vivir con tu madrecita en Tambillo, muy cerca de mi casa. Reiniciamos entonces nuestros encuentros, pasaste alguna Navidad o fin de año con nosotros y me hiciste llorar con mi canción del estribo: Van cantando por la sierra.

Me alegro de haberte ido a visitar cuando fue pertinente hacerlo; administraste tus problemas de salud con sabiduría. Y puedes descansar en paz porque a muchos nos diste horas inolvidables que el corazón y el alma necesitan y agradecen.

Gracias mi querido amigo, gracias por tu presencia en mi vida.

Que de Dios goces.

PD: sólo para terminar con un poco de alegría: recuerdas cuando te visitó un amigo en Tambillo y después de hacer un poco de música te dijo y escribió en la pared: Carlitos, no te mueras nunca!

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