Irán

 

  • En Irán, los servicios higiénicos son al estilo europeo tradicional, o sea cuartos con un hueco y las bases que señalan donde poner los pies.

Pero lo curioso, en Irán, es que no proveen papel sino una manguerita.

Menos mal que el hotel era a la moda occidental y que no hubieron necesidades extraordinarias …

 

  • En Irán, también llamada Persia, no reciben tarjetas de crédito internacionales desde el 11 de septiembre del 2001. Por qué …?

Bueno, lo cierto es que cuando quise comprar una de las típicas alfombras persas, el vendedor de la tienda, ubicada dentro del hotel, me propuso que me la lleve y luego le transfiriera el dinero …?!

¿Qué?, pregunté.

Sí me dijo, cuando Usted llegue a su país me manda el dinero, me hace una transferencia a un banco suizo …

Bueno le dije yo, más por el ejercicio que implicaba la transacción que por la misma alfombra.

Cuando le entregué mi tarjeta de visita vi que la pegaba en un libro-cuaderno grandote en el que había una buena cantidad de otras tarjetas ya pegadas; sorprendido le pregunté: oiga, Usted acostumbra nomás a hacer negocios así?

Sí me contestó.

Y, perdóneme, si se puede saber: ¿cuántas veces le han quedado mal?

No me va a creer, sólo una, me contestó.

Como la conversación fluía, me animé a preguntarle: ¿disculpe …, y quién le falló?

El vendedor, imagino que dueño del local, cogió el libro-cuaderno grandote y pasando las paginotas me dijo: vea, y me mostró la tarjeta de un Senador de la República Italiana que había ido con su secretaria, habían comprado $5,000 dólares y hasta la fecha …

Cogí la alfombra empacada, la guardé en la maleta y esa misma noche ordené la transferencia. 

Todavía recuerdo el apellido del Senador.

  • En Estambul, en el Bazaar (así se escribe, carajo) Lenin y yo veíamos unos relojes de réplica, no muy baratos tampoco, que terminé comprando yo.

Más tarde, en la caravana que continuaba nuestro paseo, me percaté que el segundero del reloj no funcionaba, así que pedí que paren, me bajé del auto conociendo que la próxima parada era el Museo Antropológico de Estambul, y corrí apresurado al Bazaar a hacer mi reclamo.

Llegué sudoroso y agitado después de haberme demorado en ubicar el local de los relojes en semejante laberinto de tienditas y, dirigiéndome al dueño-vendedor, un suizo-turco, le dije con cierto aire de indignación: oiga, el segundero no funciona …

A lo que él me contestó tranquilito: no es segundero, ese puntero marca el número de la semana del año …

Entre avergonzado y contento no sólo de que esté bien el reloj sino de que encima tenga semejante dispositivo, cuando le iba a agradecer él me dijo: discúlpeme que no le haya explicado las características del reloj, pero Usted parecía apurado.

Me fui repitiendo tres veces, como letanía o rezo árabe, muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias. Y casi salgo sin dar las espaldas, como hacen los súbditos ante los Señores.

Contento entonces fui, otra vez corriendo, al Museo, en el que no me querían dejar entrar pues sólo lo habían abierto para el Señor Vicepresidente del Ecuador y mi pinta de agente de la CIA, a esa altura del viaje ya con blue jeans y zapatos de caucho, no ayudaba mucho.

Terminé entrando y disfrutando del museo. Piezas muy-muy antiguas, la tumba de Alejandro Magno, entre ellas.

 

2) Dos datos de los USA:

 

  • Vi la nueva TV en 3 dimensiones. Requiere usar los lentes especiales que siempre se usaron para que surta efecto, un poco incómodos; cuando no te los pones, ves la TV de 3 dimensiones como una TV normal. Nada alucinante.

 

  • En el estado de Florida, cuando la policía agarra a un conductor que con unas copas de más ha causado un accidente, el infractor:
    1. Va preso.
    2. Paga una multa acorde a los daños ocasionados.
    3. El seguro, sea cual fuere, no le reconoce los daños propios.
    4. Se le retira la licencia 6 meses.
    5. Finalmente, después se le exige un seguro altísimo, en coberturas y costo, obviamente.

Si es reincidente, debe instalar un dispositivo que debe soplar para testear el grado de alcohol, sólo entonces se prende el vehículo.

Ahora los jueces están resolviendo el caso de una señora alcohólica que hacía soplar el dispositivo a su hija menor de edad … y que después tuvo un accidente.

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