Los pecados

Los pecados

Cuando de niño aprendí los 10 mandamientos, la verdad, no me impresionaron mucho.

Aquello de que “amarás a Dios sobre todas las cosas” me parecía raro, no comprendía por qué Dios necesitaba que le amen tanto y todo el mundo, encima.

Lo de “tomar el nombre de Dios en vano” nos sirvió en la escuela para hacer jurar por Dios a los compañeros, eso nos aseguraba que lo que nos estaban contando era cierto. Sino se iban con Lucifer.

“Santificar los días del Señor” nos obligaba a oír misa todos los domingos, pues no íbamos a ir al infierno por esa horita a la semana …

Lo de “honrar padre y madre” era muy aceptable, adoraba a mi madre.

Lo de “no matarás” era solo para los delincuentes; aunque siempre me preocupaban aquellos que habían ido a una guerra: cumplían con la patria y no con Dios? Qué dilema!

“No desear la mujer de tu prójimo” estaba fuera de contexto, pues mis prójimos no tenían mujer. Eso sería para los viejos que estaban casados. Pero entonces empecé a sospechar que tal señora podía ser apetecida por otros señores y me puse a mirar cuáles reunían los requisitos. Este mandamiento no hizo otra cosa pues que despertar mi imaginación.

“No robarás” sí me rozaba un poquito, de alguna cosita ajena me había apoderado.

Lo de “no levantar falsos testimonios» no iba con mi jerarquía de niño, pues nadie solicitaba mi presencia testimonial, pero lo de “no mentirás” otra vez sí me rozaba.

Lo de los “deseos impuros” también despertó mi pite sexualidad de ese entonces.
Fue más bien como que me dijeran: los mayores tienen deseos impuros. Y sabía que algún día iba a ser mayor …

“No codiciar bienes ajenos” me pareció desde entonces un absurdo, lo normal es codiciarlos. O no?

Pero bueno, como dije al principio, los 10 mandamientos no me asustaron mucho.

Sin embargo, cuando conocí los pecados capitales, la cosa cambió, les voy a contar por qué:

– que en primer lugar se le mencione a la “lujuria» terminó de convencerme que eso del sexo era muy-muy importante, consolidó mis sospechas!
Ahora, con los años, pienso que la sexualidad es una de las mejores cosas de la vida -sino la mejor- y reniego de sus censores. No sólo porque es maravillosa sino también porque es instintiva, natural: nuestra misión de perdurar la especie, como todos los animales y ser vivos de este mundo.

– “pereza” sí tenía, de hacer muchas cosas, así que este pecado sí me daba en el ojo;

– la “gula» atentaba contra lo rico que es comer y nos obligaba a distinguir algo imposible: la línea entre la alimentación básica y los excesos; qué difícil!

– la “ira» no me parecía tan anormal pues un tío mío rebozaba en ella y, además, Jesucristo lleno de ira expulsó a los mercaderes del templo … Entonces qué?

– y la “envidia», tan natural, tan endémica!
Elemental reacción de quien quiere ser o tener algo que no posee. Censurarla me parecía la negación de la naturaleza humana, una especie de sumisión a que aceptemos lo que somos y tenemos, cuando si para algo venimos a este mundo es para crecer, para enriquecernos espiritual y materialmente. O no?
La sexualidad y la envidia no son malas en sí. Cómo las administras es lo importante;

– “avaricia” este pecado cochino nunca me llegó;

– y finalmente la “soberbia”. Este sí, el peor de todos.
No tanto por la gratitud que debemos tener para con Dios y la vida, de todo lo bueno que tenemos, sino por la elemental reflexión de que las circunstancias cambian y nadie sostendrá una situación buena (ni mala) toda su existencia.

PD: se le pasó a la iglesia capitalizar como pecados la hipocresía y la manipulación.

Como dice el Chalo: Hey dicho!

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