El concierto número 3

Con mi primer sueldo en IBM corrí a la Phillips, que quedaba cerca de la oficina, y compré el concierto número 3 de Beethoven para piano y orquesta. Llegué en bus a mi casa, vivía con mi Mami en el Batán, e inmediatamente puse el long play en un sencillo tocadiscos que tenía en mi habitación. Me senté en la cama a escucharlo y empecé a inquietarme pues no aparecía el piano y el concierto seguía avanzando …

No puede ser que me hayan dado un disco equivocado, pensé. Al cabo de más de 3 minutos levanté el brazo del tocadiscos y comprobé que la carátula y el disco coincidieran.
Coincidían, qué rabia, qué habrá pasado?
Pues resulta que el desgra de Beethoven recién hace entrar al piano al minuto 3 y 25 segundos, que maldito!
Y qué alivio también … con tanta ilusión que lo había comprado.

El primer concierto de Beethoven lo conocí años antes en Barcelona, gracias a mi hermana Margarita que igual, con su sueldo de cada mes, compraba un par de discos. Dicho concierto fue el para violín y orquesta interpretado, si no me equivoco, por Jascha Heifetz (una carátula blanca con un violín en diagonal, lo estoy viendo en mi memoria). Me encantó. Y hace pocos meses me encantó también que mi amigo Domingo, en Barcelona, me recordara que gracias a mí lo conoció y que me identificaba claramente con él. Qué orgullo que a uno lo vinculen así con una obra tan maestra, no?
Luego, con mi muy querido amigo August, descubrimos los conciertos 1 y 4 un verano en su casa de Calella. Si no me equivoco interpretados por Backhaus en un disco de la Deutsche Grammophon de esos típicos amarillos, lo estoy viendo también. Cómo los disfrutamos! Fueron un regalo de temporada.
Meses más tarde conocí el número 5, el famoso Emperador. Lo tenía mi cuñado Jorge a quien se lo robé en una de mis visitas a Barcelona, viniendo de Munich. Qué maravilla, qué gran hurto!
Y antes de regresar al Ecuador compré el número 2, no sé con qué plata, pero no fue robado.
Así que cuando llegué a Quito, el único que no conocía era el número 3.

El proceso ese lento de ir conociendo la obra de Beethoven ha sido uno de los grandes placeres que he tenido en la vida. La dificultad en llegar a sus obras aumentó el placer (dicen que parte del placer es la espera). Qué diferencia con estos tiempos en los que se tiene acceso a toda la música de millón maneras.
De manera que comprenderán mi desencanto cuando escuchando por primera vez el número 3 no aparecía el piano.

Si Usted, mi querido amigo, ha llegado hasta aquí y no conoce bien los conciertos del sordo de Bonn, no sabe la dicha que le espera, le envidio, hágalo en el 2015.

Aquí un link al nombrado número 3:

http://gloria.tv/?media=303049&language=3SsSaAhCEfb

PD: años más tarde conocí el triple concierto, para piano, chelo y violín; eso ya fue, como dicen en España, la hostia!

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